Hola a todos.
El presente escrito recupera algunas reflexiones acerca de mi quehacer docente,
creadas a partir de las actividades desarrolladas durante la primera unidad del
módulo 1 de la especialidad en competencias docentes.
Comienzo relatando un día laboral en el
CEMSAD Huecorio.
Por lo general,
cada día me toca atender 4 de los 5
grupos y cada uno con distinta asignatura; lo primero que hago es, una vez que
pasé a la dirección a firmar la hora de entrada, reviso mi horario por segunda
ocasión, así como la planeación de la clase que elaboré un día anterior; ésto me permite tener a la mano algún recurso
necesario (proyector, bocinas, material didáctivo, etc.) para llevar la clase
conforme a lo planeado. Entro al salón saludando a los jóvenes y espero junto
con los presentes, la llegada de los demás estudiantes ya que no todos llegan a
tiempo; durante este lapso hago preguntas relacionadas a los temas vistos en
clases pasadas, o bien, respecto a algún tema que poco tiene que ver con la sesión
pero sí mucho con lo que ocurre en la sociedad (noticias, deportes, ratos de
ocio) con la finalidad de crear una atmósfera no tan rígida durante la clase y
que los estudiantes se sientan más cómodos. Recuerdo que las primeras sesiones
frente a grupo me provocaban ansiedad y el hecho de no contar con los todos los
recursos necesarios durante la apertura del plantel, puesto que ingresé desde
que empezó a operar, creaba incertidumbre tanto para el personal que allí
laboramos, como para los alumnos de primera generación; ya con el paso del
tiempo fui creando lo que denomina Esteve “seguridad artificial”.
Volviendo a la
actualidad; una vez que el salón se encuentra lleno inicio con la explicación
del tema, en el cual normalmente me auxilio de diapositivas que incluyan
imágenes animadas para evitar el tedio y pesadez que puede llegar a provocar
las clases demasiado teóricas. En algunas ocasiones, creo conveniente iniciar
la sesión con una serie de preguntas a modo de diagnóstico, y en la medida de
lo posible utilizo preguntas atípicas al tema pero que de cierta manera las
puedo relacionar.
Durante la hora
o 2 horas que puede llegar a durar la clase, trato de fomentar la reflexión en
los estudiantes mediante los ejemplos propuestos y que hasta absurdos pueden
resultar, pero que a fin de cuentas sirven para lograr los objetivos que me
propongo. Me valgo de técnicas de relajación, activación de energía, ejercicios
para trabajar ambos hemisferios, etc. para incentivar la participación de los
estudiantes; principalmente cuando noto rostros de enfado, aburrimiento o que
se que tuvieron anteriormente otra clase que tal vez pudo llenarlos de tedio y
provocarles apatía para participar. Ésto para tratar de despertar la curiosidad
de los estudiantes y hacerles ver que en la medida que deseemos crear un mejor
ambiente de aprendizaje entre todos, más provechoso será el tiempo que
compartimos dentro del aula y escuela, y así, el esfuerzo que hacen los demás
para que sean gente de provecho, no será en vano.
Algunas
sesiones las observo con buenos resultados finales y otras con resultados
totalmente contrarios a los esperados; en el segundo caso opto por concluír la
clase mediante llamadas de atención a modo de plática (paternal) y señalando lo
que considero hizo falta. Se que también tiene que ver mucho en el aprendizaje
de cada joven, lo que vive día a día en casa, con los amigos, pareja, trabajo o
cualquier otra situación relacionada con su entorno, pero procuro señalar y
enfatizar cuál es el motivo por el cual se encuentran ahí, que valoren el
tiempo y economía que invierten a fin de evitar la deserción y que en la
mayoría de los casos se da por ser un problema multifactorial. Como dicen por
allí: “no está mal un jalón de orejas de vez en cuando”.
Me percibo como
un docente, si bien no el mejor, sí como alguien que busca el beneficio de sus
estudiantes apegándome al concepto de “profesor de humanidad”. De ahí que
siempre les haga saber a los jovenes que ninguna de mis acciones busca hacerles
daño, sino todo lo contrario. Desafortunadamente, siempre hay quien lo mira
desde otra perspectiva y esto conlleve a adjetivar mi trabajo, personalidad y
en general, mi práctica docente. Espero que con capacitaciones y formación
continua, actitud, renovando constantemente mi ser y hacer docente, pueda
entrar en la dinámica de promover el gusto por aprender no sólo en el aula,
sino de la vida misma.
Como había
mencionado anteriormente en mi presentación, soy ingeniero industrial y siempre
tuve en la mente la idea de trabajar en el sector privado, dejando la opción de
docente como última; así lo hice durante un periodo breve de tiempo donde tuve
la oportunidad de trabajar para empresas como: Chocolatera Moctezuma y Coca
Cola FEMSA. Las vivencias ocurridas durante ese tiempo me llevaron a tomar la
decisión de incorporarme a la docencia, para mi buena fortuna, se encontraba el
proyecto de la apertura de una preparatoria en los alrededores de mi lugar de
origen, y fue durante mi periodo vacacional que pude arreglar los trámites para
mi incorporación al CEMSAD.
Ya que mi
familia, como imagino muchas de otras personas; se encuentra llena de personas
dedicadas a esta profesión y la idea que me dejaron mis amigos de carrera:
“siempre fui bueno para explicarles temas”, en conjunto con las experiencias
del sector privado, fue todo lo que necesité para optar por cambiar
radicalmente de ejercicio laboral. Desde luego que al momento de ingresar a la
práctica docente me he regido por tratar de inculcar los buenos principios,
prácticas y valores de profesores que llegué a tener; yo quería y quiero aún
que mis estudiantes digan: “ese profesor es bueno, aprendí buenas cosas”. Como
una vez mencionaron en un curso que tuve: “un profesor puede ser el responsable
de un daño mayor en la sociedad, puesto que son incontables generaciones las
que pasan por su vida en comparación con otras profesiones”. A sabiendas de que
somos colaboradores de lo que puede pasar por la mente de cada chamaco para así
realizar acciones que rigen su destino, es algo que me lleva a tratar de dar mi
mejor esfuerzo en esta loable profesión.
Indudablemente
que ésto puede traer consigo, un sin fin de satisfacciones; por mencionar
algunas que he tenido: ver pasar distintas generaciones en desarrollo y
prosperidad, sentirse útil y orgulloso, aportar saberes y experiencias que
enriquecen a los demás, ganar concursos académicos y deportivos, formar un buen
equipo de trabajo y que ha llegado a ser reconocido a nivel región, observar en
la mirada de los estudiantes que ha sido posible sembrar la semilla de la
superación, etc. Desde luego que han existido ciertos tropiezos y que en
ocasiones vuelven a mi mente: la deserción de jóvenes que puede ser por causas
ajenas a mi injerencia, daño a jóvenes y comunidad debido a intereses
particulares (cuestiones sindicales), frustración al conocer casos lastimeros
de estudiantes con dificultades para continuar con sus estudios, impotencia por
no poder contar con mejor infraestructura para ofrecer a la comunidad
estudiantil, etc.
Como alumno de esta especialización me he dado cuenta de ciertos errores que tengo que mejorar y de lo que implica trabajar bajo presión en algunas ocasiones por la mala administración de mi tiempo. La frustración por el tiempo es algo que conviene saber manejar y enseñar a saber manejar, ya que de no hacerlo así, uno se puede perder de realizar actividades enriquecedoras y gratificantes.
Saludos cordiales!

